Esta mañana he escuchado a un analista comentar dichos resultados, mencionando por ejemplo que "los votantes han dado un espaldarazo a la derecha y al gobierno central" o que "el PSOE ha perdido votos a su izquierda". Ningún comentario que indique los posibles motivos del resultado, del porcentaje de participación, de los puntos del programa presentado...
Partamos desde el punto de que las elecciones en una Comunidad poco tienen que ver con las elecciones en el conjunto del Estado. Es más que posible que los ciudadanos gallegos, por ejemplo, estén contentos con la gestión que su presidente autonómico ha hecho de la crisis, y que las cifras de una Comunidad Autónoma se encuentren en mejor salud que las del Estado.
Así mismo, tras reflexionar un poco, me he dado cuenta de que hoy en día existimos algunos votantes (pocos) que no votamos por ideologías, sino por políticas concretas. Desgraciadamente, la gran mayoría de los votantes no valora este hecho.
Desde mi punto de vista de ingeniero lo veo así: primero, se identifica una necesidad. Una vez identificada, se define bien y se crea una especificación (llamémoslo "esto es lo que necesitamos, lo que queremos").
A partir de ahí, eso "que queremos" se saca a concurso. Buscamos encontrar a alguien que sea capaz de hacerlo, a un buen precio.
Entonces llegan las ofertas, varios contratistas o free-lance, leen "lo que queremos", lo interpretan, incluso lo intentan mejorar, y se venden. Nos mandan detalles de lo que van a hacer, y a qué precio lo van a hacer. Además, aprovechan para mencionarnos lo que han hecho en ocasiones anteriores y lo bien que ha salido.
Entonces, el contratante lee todas las ofertas, las evalúa, presta atención obviamente a las experiencias previas, pero principalmente se fija en qué van a hacer de lo que hemos pedido y cómo (y a qué precio).
Pongamos el ejemplo de que queremos construir una nueva presa. Hay una empresa que nos indica que va a poner personal propio, instalar unas oficinas allí, y crear una presa de hormigón armado con tecnologías de última generación para controlar el nivel del agua, la seguridad, etc.
Pongamos que esta empresa construye una presa de cáñamo sin sistemas de seguridad de ningún tipo y una alarma que va a manivela. No es lo que habíamos pedido, desde luego. No es tampoco lo que queremos.
¿Volveríamos a contratar a esta empresa? No, de hecho rescindiríamos el contrato, les impondríamos penalizaciones y es probable que un proceso judicial por los perjuicios en plazos y en imagen causados.
Extrapolemos ahora esto a un gobierno de una nación.
Los votantes necesitan una serie de cosas: empleos, bienestar social, igualdad de oportunidades.
Los contratistas (partidos políticos) mandan sus ofertas, indicando qué van hacer y un método de trabajo para ello. Además, aprovechan para recordar experiencias anteriores que han salido bien.
Los votantes eligen un contratista (un partido con mayoría) para que lleve a cabo lo pactado, obviamente prestando atención a experiencias anteriores, pero lo que más debería importar es lo que se indica que se va a hacer y cómo se va a hacer.
El partido político elegido construye una presa de cáñamo con una alarma a manivela.
En definitiva, lo que quiero expresar aquí es que un país evoluciona más cuando se trabaja por él y no se buscan justificaciones ideológicas. Si el país no exige eficiencia y claridad a un gobierno, el gobierno se vuelve inepto y mediocre, escudándose en viejos tópicos ideológicos que podría explicar Coco en Barrio Sésamo.
Y si los contratistas actuales no valen, cambiemos de contratistas. Fomentemos el emprendimiento. Exijamos un cambio de sistema para que los contratistas sean más eficientes, y no un nido de clientelismo, nepotismo y corrupción con la connivencia de un pequeño porcentaje de la población española que vota a los partidos mayoritarios por "efecto borrego".
El sistema ha fallado, y hay que cambiarlo. La idea de la transición de articular un estado descentralizado mediante dos potentes pilares centralizadores fuertemente cohesionados ya no es efectiva. Los dos pilares se han convertido en torres de marfil, incapaces de comprender qué sucede a su alrededor dado que su microcosmos les proporciona seguridad y calidez, y recurren a viejas máximas para mover el subconsciente de sus seguidores. Dentro se controla y se maneja todo, se establecen intercambios de favores que llevan a ineptos a cargos que les permiten controlar los recursos de ciudadanos que, en gran parte, serían mucho más capaces. Y lo que es peor, que utilizan dichos recursos para beneficio de ellos mismos y de su sistema.
Lo que es aun peor, que esta cultura se extiende también a la empresa privada española: ¿cuántos políticos de carrera acaban copando puestos de alto nivel en empresas, puestos que no se adaptan a su perfil, o para los que no tienen formación y conocimientos? Y, ¿cuál es el motivo? unas estructuras anquilosadas, donde el inmovilismo político dificulta el cambio. Sin cambio, esos políticos mantienen su influencia durante mucho tiempo, y la empresa privada quiere garantizarse su apoyo mediante favores y colocaciones selectivas.
Al mismo tiempo, al disponer de órganos de regulación dependientes de los partidos mayoritarios, o incluso poblados por ex-diputados, no sólo se hace interesante, sino vital, para la empresa privada contar con el apoyo de dichos personajes del ámbito político.
Por eso os digo: romped las torres de marfil, permitid la democracia interna en los partidos y abrid las listas. Sacad adelante una verdadera ley de transparencia. Esto ellos no lo van a hacer, así que nos toca hacerlo a nosotros, a los votantes.
Yo confío en vosotros. Enderecemos el barco.
La otra opción es cambiar de navío.
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